Posiblemente sería preferible empezar definiendo qué es la empresa abierta, pero ésto podemos hacerlo de dos modos, o bien plasmando directamente una definición más o menos académica, o definiendo y conceptualizando cada uno de sus elementos. Esta última via es posiblemente más compleja, pero también más completa a la hora de ofrecer una definición cierta.
Dentro del entorno de los RRHH hablar de empresa abierta supone hablar de cesión de poder, de traspaso de responsabilidad y de entrega de elementos de gestión adecuados y convincentes. Desde la perspectiva de la empresa abierta la información, la comunicación y el conocimiento no son objetos de culto, sino útiles que se distribuyen por la organización como elementos fundamentales de gestión.
La formación, la libertad y la responsabilidad crean aquí un círculo virtuoso que mejoran constantemente el aporte de valor del servicio ofrecido y la capacitación del empleado.
La formación ofrece al trabajador los elementos y herramientas fundamentales para que pueda realizar su trabajo. Sin formación no hay conocimiento ni capacitación para la acción. Esta formación ha de ser integral, no centrada únicamente en elementos directamente relacionados con el servicio, ha de ser una formación dirigida a la persona, no al trabajador, de modo que le aporte valores de convivencia y herramientas para conocer y gestionar experiencias particulares y únicas para cada cliente.
Esta capacidad de gestión ha de estar protegida y apoyada en la libertad de hacer que ha de tener el trabajador. Las normas han de ser claras, los manuales de procedimientos entendibles, pero han de ser lo suficientemente laxos como para que el trabajador tenga libertad de acción… y libertad de equivocación. El error es un elemento de la gestión y ha de ser asumido como tal. No cabe el castigo, sino la corrección y la mejora.
Y para eso está la responsabilidad, tanto la que parte y exige la propia empresa como la que parte y se exige el propio trabajador. En ambos casos se han de buscar los errores y los aciertos y gestionarlos, no sólo en el momento, sino despues, aportando las enseñanzas que permitan que exista una constante acción de mejora. Acción que se verá reflejada en una nueva fase de formación enriquecida por las enseñanzas que el circulo virtuoso nos ha enseñado.
La búsqueda de la mejora constante ha de contar con el trabajador, tanto a la hora de darle iniciativas como a la hora de pedirle soluciones.
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